BOCAIRENT, SIERRA DE MARIOLA
Fin de semana - 16km - Dificultad media

21 y 22 de Junio 2014


 

CRÓNICA



Dos horitas, la mayoría por autovía libre de peajes, y ya estábamos nuevamente en Burriana donde todo había comenzado muy puntualmente el día anterior, cuando a las seis de la madrugada del sábado, tres coches coincidían según lo convenido sin un sólo segundo de retraso para poner rumbo a la sierra de Mariola, entre las provincias de Valencia y Alicante.

El camping que nos vería pernoctar, nos vio antes reponer fuerzas y, cargados con nuestro bártulos, comenzar a caminar en aquella fresca mañana en dirección al Montcabrer. Esta cima, más tarde, sería rebautizada por algún sufrido senderista que añadiría una ó al final, comiéndose para ello la «-er» última; también transformando la «-n-» en una ele. Realmente no fue para tanto, pues un vientecillo continuo y fresco durante la mayor parte de la jornada nos salvó del rigor de un primer día de verano en las montañas alicantinas. Evitando el ascenso directo a la cumbre de 1390 metros, dimos un rodeo que pasó por dos neveras o pozos de nieve de notable entidad en la región, también por un refugio a cuya sombra nos helamos mientras dábamos cuenta del almuerzo. Más tarde vendría la ascensión final sin tanta gracia como la que mostraba un grupo de cabras montesas, pero sí con la misma determinación. Alcanzada la cima: fotos de cerca, de lejos, con bandera, sin ella, de grupo, en solitario...

Había que pensar en el descenso, la comida, el camping, su piscina, las tiendas de campaña, evitando lo más posible el sol sin cobijo alguno. La cima no era el lugar ideal para todo ello por lo que, esta vez sí, se puso rumbo directo al lugar de donde salimos aquella mañana. Una fuente salvífica se interpuso en nuestro camino de vuelta y dimos buena cuenta de su caño, su «césped» y la sombra de los pinos que nos sirvieron para comer y sestear unos minutos.

Ya registrados en el camping, montar las tiendas y darnos el ansiado chapuzón, fue todo uno, aunque no igual para todos. Unos llegaron al baño antes que otros; a éstos, parodiando la situación, les llamamos «los señores marqueses», pues tenían palacete a modo de bungaló. Los que llegamos más tarde al baño «la clase obrera» fue por construir con nuestras propias manos y esfuerzo dos chocitas a modo de iglú acrílico. En la piscina quedó todo igualado y sin reseña alguna sobre la lucha de clases exceptuada alguna ahogadilla entre proletariado y marquesado.

Llegó la cena de mesa y mantel (de papel) en el restaurante del camping, y con ella el vinito, y con este la palabreja «kitsch» para definir el local en el que nos encontrábamos, aunque no hubo quórum al respecto ni siquiera exactitud en la definición. ¿Faltó quizá una botellita más de vino? Yo me mantengo en ello, donde otros dijeron bonito, diferente, original... reclamo, pecando de «snob», la palabreja «kitsch» que en castellano se asemeja bastante a la palabra «hortera»... ¿o tal vez calificarlo de «friki»?

La siguiente vez que compartimos mesa y mantel (combinado de papel y tela) fue en un restaurante de Bocairent, donde derramados licores hubo que hacer derrama también sobre el presupuesto inicial. Previa a la comida, visita cultural al casco antiguo de la localidad donde la roca y sus trabajos en ella son reclamo ineludible de visitantes foráneos. Acudimos a ellos y lo pasamos en grande, sobre todo en esos minúsculos pasadizos que conectan diferentes estancias líticas que en su día almacenaron grano y hoy coleccionan turistas: «Covetes dels moros»

Lo pasamos diez, fuimos diez... ¿Por qué te quedaste en casa?

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