AÍN, PEÑA PASTORA
Circular de medio día - 7km - Dificultad media

5 de Octubre 2014


 

CRÓNICA



Había dudas al respecto. La cuestión era si se podría terminar a medio día, es decir a las dos en casa, aquella marcha en Aín preestablecida en 15 kilómetros y casi 500 metros de desnivel. Los más optimistas se dijeron a sí mismos que sí y dejaron su comida para «a las dos en casa», los más pesimistas, o realistas, o «porsiacasistas», cogieron un bocadillo que paliara el posible desajuste horario: a las dos, bocadillo; en casa o donde sea.

Pasó que se pasó de la prevista visita al castillo, por aquello de prevenir retrasos incómodos. Y así fue que comenzamos a subir y subir «sin pausa pero con prisa», «sin prisa pero con pausa»... «sin pausas pero sin prisas»... nunca sé muy bien cómo se dice. Ni sabría decirte cómo fue. Que alguno perdió el aliento no se puede negar, ¿pero qué queréis criaturas?, se trata del reino de las montañas, se trata de la quebrada sierra de Espadán, de un pico: el Pastor, o la Pastora. El uno o el otro, no lo sé cierto... ¿Y por qué no el del «pastor y pastora» los dos juntitos dándose el pico en el pico?...

Pero qué bien, qué buenas aquellas vistas, la acaricia del ligero viento, el acelerón de aliento y corazón. Sensación de estar vivo, estar trabajando sobre ti y no para otro; qué bueno el fresco en la Pastora (o el Pastor), el tráfico de golosinas, chocolates y tartas. Qué magno el descenso casi en picado con algún alcornoque salvador en el que ampararte tratando no ser halado por la gravedad. ¡Es cosa de guantes! —dijo muy convencida una de las almas— ¡y de buen vaquero! —agregó por aquello del contacto brusco con el suelo en caso de resbalón—.

... Y en estas que se acabó la marcha en el lugar previsto y con tiempo de sobra para cervecita. Por que las dos fueron poco menos de la una, por que los quince fueron poco más de siete (kilómetros). Los treinta y tres quedaron en veintiséis (inscritos). Aproximadamente quince se tomaron cervecita y de ellos diez se zamparon sus bocadillos en el bar: nueve «porsiacasistas» y uno optimista que se lo tuvo que pagar. ¡Quién dijo que el optimismo saliera gratis!

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