AYÓDAR, COVA DE LA MOLA
Circular de todo el día - 20km - Dificultad media

16 de Noviembre 2014


 

CRÓNICA



En la reunión informativa previa a esta salida fuimos «cuatro gatos», tomada esta expresión literalmente; si se quiere matizar, entiéndanse tres «gatos y una gata». Quedamos inscritos junto con los que lo hicieron sin presentarse a tal encuentro gatuno. La cifra subió, dos días después, al cuádruple de los iniciales. Al final, uno más sobre la decena nos pusimos en marcha hasta Ayódar.

Nuestro guía, a modo de sabueso, sin GPS —Sistema Global de Posicionamiento— que lo amparara ni mapas más allá de los recordados por su mente, supo dar con cuanto había que dar, a saber: una sima, una cima —con «c», no confundir con la anterior—, dos covachas, una gran cueva, un malformado pino trinitario —una sola base y tres troncos, nada que ver con ninguna orden religiosa—, uno cuádruple, que quedó en la imaginación de cada cual —el único borrón de nuestro guía— y por fin... el Pino de los cinco troncos.

Tal malformación troncal —una sola base, y cinco troncos— fue aprovechada, sin miramientos, por cuantos quisieron remedar a sus antepasados arbóreos y pendieron de alguna de sus cinco ramas principales. Allí fue la comida, como el almuerzo había sido en el cerro de la Muela, con inmejorable visión de gran parte de la Plana y la totalidad de la Sierra de Espadán. La claridad del día dio para ello, como la oscuridad de la cueva para el amparo de un perezoso murciélago y el estatismo de una araña entradita en carnes. Y si de animalitos hablamos no podemos obviar a los jabalís que correrían lejos del alcance de los escopeteros, que en autorizada batida, se apostaban al encuentro de las fieras; ninguno de los apostados hubiera apostado, válgame la redundancia, a que en lugar de ver a un jabalí vieran once... senderistas que «bajo su propia responsabilidad» incursionaron, una vez más, en tamaño despropósito.

Pero no fue un escopetero la estrella de la jornada, sino un pistolero... Pues llamábase Pistolo. Hete aquí la entradilla al primer capítulo de «La breve historia de Pistolo», libro testimonial de próxima aparición.

CAPÍTULO 1

Donde se nos cuenta la sorpresiva llegada de un cánido dubitativo, precedido por el tintineo de un campanillo, al socaire del Pino de los cinco troncos; de cómo fue acogido por un grupo de montañeros, de las artimañas que éstos utilizaron para anudar un palo a su collarín, obteniendo de él la manera de contactar con Mark. También se nos hablará del encuentro entre Mark, desabrido dueño del cánido, con el grupo rescatador de montañeros y con su extraviado perro de nombre Pistolo. Cerrándose el capítulo con el aullido agradecido del protagonista.

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