FREDES
Lineal de fin de semana - 12km - Dificultad media

7 y 8 de Marzo 2015


 

CRÓNICA



Cómo decirlo, qué decir, qué contar; cómo poner en palabras lo que en ellas no cabe. Si es que no fueron una, ni dos, ni cien, las vistas tan espectaculares que allí vimos... Dejad que piense... si por cada imagen mil palabras... o más... mil por cien, pongamos por caso... ¡Cien mil palabras! ¡Ni de coña amigos!, todas esas no caben en este espacio, tampoco en mi cabeza, fijaos que ahora llevo solamente setenta y seis palabras (justo, según Word, en donde puse 76), porque ahora (cuando digo ahora) ya son ochentaiséis... 86 menos cien mil... !oh! aunque no pueda con ello estoy desperdiciando el espacio y el tiempo ¡si Einstein levantara la cabeza!...¡Ya sólo me quedan 99.914 palabras para describir lo indescriptible!...¡Ahhhhh!

Imagínate una pared inmensa de donde, a la hora en que el sol ha calentado lo suficiente, se lanza con alas desplegadas un buitre para otear, corriente arriba, qué carroña carroñear. Pues eso estaba allí.

Imagínate, de igual modo, un paso de montaña después de haber caminado por un alto voladizo, llamado (traducido libremente) "el portal del infierno", donde las nubes se acumulan allí y el relampaguear puede ser tan atroz que te haga pensar que el mismísimo Belcebú ha decidido entronizarse en ese paso. ¡Pues eso también estaba allí!... pero sin el tonante Belcebú.

Sigue imaginando, si aún tienes valor, un salto de agua donde sin demasiado riesgo pudieras sortearlo y colocarte en el envés del mismo, que sus aguas fueran el cristal de tus gafas y ver, a través del color con el que se mira, a tus compañeros que quedaron al otro lado. Que ayude además el radiante sol provocando contraluces y destellos de ensueño... Sí ¡eso estaba allí!... Y un chupa-chups para cada cual después de tal maravilla, para continuar con el dulce en la boca, y lo «amargo» en las piernas...

Sigamos dándole a la imaginación y subidos en ella, subamos también: largo, duro, constante, tortuoso, soleado, hasta una masía que nos ofrece su porche como refugio. Allí comemos y nos fotografiamos; a veces con acierto, otras con poses no demasiado elegantes. Esas últimas no las veréis, seguid imaginando. En «Peraire» nos dijimos adiós un grupo al otro, los que se fueron de vuelta a Burriana habiéndose embebido de tanta maravilla, dejarían al resto del grupo el resto de las mismas...

No dejéis de imaginar un bosque con muchas sombras, tupido, oscuro, con grandes árboles, pinos engarzados en roca como obras de orfebre, porque eso también estaba allí. Y qué decir del pino bandera... ese que sus ramas, por causa del viento, solo crecen en una misma y única dirección... yo tampoco sabía lo que era hasta que vi a mi primer «pino bandera»... mejor esa bandera que cualquier otra...

Sigue imaginando conmigo un refugio acogedor, con un casero de larga barba y melena que suma a los hombros lo que resta a la coronilla. No sale de ninguna película, más bien baja de alguna altísima montaña nepalí para refugiarse donde nosotros también lo hacemos, solo que él es el que cobra y nosotros pagamos; pero dormimos a gusto y comemos de gloria, y algún privilegiado es convidado a un orujito... Mal tipo no es, ya os lo digo yo... con el regusto del licor en el paladar...

Imaginad ahora que amanece y que el bosque cobra vida, como cobra el casero, y que con la frescura de un bonito amanecer, nos enfilamos hacia nuestro final... uno tan próximo que decidimos, por alargarlo, subir una montaña extra para quitarnos las legañas alcanzada su cima... Fuera legañas y bien abiertos los ojos, nuevamente contactamos con la inmensidad del entorno: todo son crestas hacia donde mires, verticalidad, inmensos pinares, el verde se convierte en el color primario por excelencia, aunque no lo sea según los dibujantes, pero ellos no están allí. Alguien se les ha adelantado y lo ha puesto todo en su sitio bien de mañanita cuando todos dormíamos. Ahora solo nos queda llegar allá a lo lejos, a nuestro destino: Fredes.

¡Qué bien! una voz surgida desde el fondo del alma, donde no habita el engaño y la sinceridad se transparenta sin ninguna otra opción, se dejó oír ente la visión del final del recorrido... Supongamos que como final orgásmico después de tanta maravilla y no como muestra de agotamiento alguno... supongamos, digo.

Imagina, todo cuanto de bonito quieras imaginar, apenas llevamos 730 palabras, mira cuantas te quedan aún...

Tú lo imaginarás, nosotros lo vivimos.

...Pero no te apures que me han susurrado que las montañas van a seguir allí por mucho, mucho tiempo y también me han dicho que te quedan más días que longanizas, y de éstas hay muchas...

Ummm, longanizas... ¿He dicho longanizas?... ¡Sí! como las que estaban en aquel plato y no tardaron nada en desaparecer...ummm.

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