EL PUIG
Cultural gastronómica - Dificultad baja

30 de Abril 2017


 

CRÓNICA



Ha sido la primera de, quizá, alguna que otra actividad de este tipo que nos pueda sorprender más adelante en nuestro calendario. Se especuló con Sagunto, Morella...

El Puig de Santa María «tuvo el honor» de ser destino de nuestra primera ruta gastronómico-cultural. Que se sepa no hemos contado nunca con guía turístico que nos indique cómo interpretar lo que estamos viendo con una mirada más o menos histórica, aderezada también con una pizca de fantasía a veces demasiado empalagosa, a saber: Caballo que de una patada topa con un aljibe soterrado —es el caballo del Rey—, un flamígero San Jorge que comienza a arrasar a las huestes hostiles, estrellas que caen sobre un mismo punto en seis distintos días —posterior aparición mariana—, un murciélago que anida en la tienda de campaña del Rey Jaime I —victoria asegurada en la batalla—... Por todo ello, además de por la audio guía y la visita a un magnífico museo de la imprenta muy recomendable, esta «ruta» se salió de lo habitual en nuestra programación, pudiéndole otorgar por eso el merecido título de «1ª ruta gastronómico-cultural CEB».

También a su convaleciente mentor, y por ello ausente en la ruta, podríamos otorgarle el título de «primer impulsor cultural CEB»... ¡Ánimo Alberto, recupérate y que no sea esta tu única aportación gastro-cultural!

Y, hablando de la manduca. En cuanto a la misma, ésta, aunque exquisita, no fue lo que todo buen senderista necesita para reponer fuerzas; no hubo contundencia alguna en el yantar, aunque tampoco exigencia en el caminar, por lo que se podría decir que estuvo en consonancia el desgaste energético con su reposición. ¡Dejémoslo en tablas! aunque no de queso, no de jamón, no de ibéricos...

Pues eso, que llegamos sin ningún contratiempo y nos pusimos, auricular en oreja, a visitar la localidad. Alguno mostró querencia por los bares y se perdió de inmediato, aunque luego reapareció para ¡cómo no! tomarse una segunda ronda con los demás expedicionarios. Después de la cervecita, nos aguardaba la visita al interesante y muy completo museo de la imprenta y las artes gráficas, para continuar con «Los pasos de Jaume I» en visita guiada por una periodista que, menos su presencia, pareció haberse dejado de todo en su casa: altavoz, identificación, algún folleto... Acabamos, como en las buenas ocasiones, sentados a la mesa de las degustaciones.

Y tal como llegamos nos fuimos, dejando para otra ocasión la visita al Real Monasterio, sin duda alguna lo más destacable, con diferencia, del núcleo urbano de esta localidad valenciana.