SUMACÀRCER
Circular de todo el día - 13km - Dificultad media

21 de Enero 2018


 

CRÓNICA



Era nuestra primera vez, y eso que andamos por el mundo desde finales del siglo pasado; era su primera vez, y apenas nueve meses antes no existían como asociación. Ellos organizaban, nosotros participábamos. Bendita juventud, bendito descaro... ¿o sería inconsciencia? la que les llevó a meterse en ese berenjenal de organizar una actividad abierta a todos los clubs y asociaciones de la Comunidad Valenciana. Y lo hicieron, y les salió muy bien.

Allí estábamos nosotros, primerizos, como ya he dicho, en eso de los dorsales, chips y líneas de meta. No había que correr, eso quedó claro antes de comenzar. A «grito pelao», megafonía mediante, el animador, el vocero (evito el anglicismo «speaker») lo repitió un par de veces: «al que corra, paradlo. No se puede correr, que nadie corra». Poco después, segundos antes del figurado disparo de salida, los altavoces tronaron: ¡Espartanos! ¿cuál es vuestro oficio?... Debiéramos entonces haber contestado con una especie de rugido en tres golpes de voz, pero no se escucharon más voces que las grabadas en el audio que sonaba. Al segundo intento, salió mejor y algunos de los congregados contestaron algo así como ¡Aúh, aúh, aúh!... Y con el grito en el aire, comenzamos nuestro andar de ese día.

Así pues, de forma espartana, sin grandes pretensiones, nos pusimos a caminar y a conocer territorio ignoto para nosotros: Naranjos, más grandes y viejos que los muchos de aquí; serpenteante Júcar, más ancho y caudaloso que el nuestro; tristemente afamada presa de Tous al fondo, sin parangón acá en Burriana... Y montaña, nuestra segunda patria. Fue sencillo y acertado el recorrido para tantos como éramos. Subida por un barranco, el de Morteral; continuación por un ancho cresteo con vistas, y bajada por la parte alta del Barranc del Llop. Y en el ínterin, alcanzada la cima del primero de los barrancos, tuvo lugar el fantástico almuerzo a base de zumos, porciones de naranjas, aceitunas, cacahuetes, refrescos, papas: todo muy bueno y en cantidad.

Nuestro grupo de ocho se había desperdigado, cerca de meta nos localizamos siete. Poco tardaríamos en descubrir al «octavo pasajero» más allá del fin de etapa, plácidamente instalado, desde hacía una eternidad. Nuestro «Alien» particular del planeta CEB había llegado el séptimo de entre los más de trescientos espartanos ... «una cuestión de estómago» nos diría Joan Pascual. Le dijeron, en el avituallamiento, que allí no se paraba, que había que continuar; así que siguió, siguió y a la que se dio cuenta había llegado ya al pueblo.

Cervecita fresca para celebrar el fin del camino, recogida de detalle participativo, foto de rigor y ágape a modo de (tomen aire, perdónenme los lugareños y entendidos) «una-especie-de-coca-con-cansalá-y-longaniza-impactada-en-su-masa-semi-seca-parecida-a-un-rollo-seco-pero-no-tan-seco-que-hacía-mucha-miga-al-morder»... Y después, cafenet en un bar y visita al camposanto del lugar, «el más bonito de España en 2017» según una publicación del ramo.

Desde aquí, felicitar al Club de Muntanya Sumatrail, de Sumacàrcer, por su atrevimiento y buen hacer.

¡Felicidades, y buen porvenir!

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